Capítulo 2, Sección 2 – La Señal de Fuego de un Contraataque; Escena 1

La Hija del Mal: Praeludium de Rojo, página 111-115

♣ Yukina ~ En el Imperio Beelzeniano, «Rucolebeni» ~

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Fue tres días después de eso, en la cuarta calle de Rucolebeni.

—¡Están corriendo hacia ese callejón de la derecha!

—¡No podemos dejar que lleguen a la quinta calle! ¡Todavía no han terminado de evacuar!

—¿¡Cuántos quedan!?

—Cinco. Chartette, ¿puedes reunirlos a todos?

—¡Sí, señor!

Agitó su gran espada por el aire.

Los cuerpos de los soldados muertos fueron pulverizados. El poder destructivo del arma especial de Chartette que había apresurado para terminar de reparar, un enorme claymore, fue extremadamente efectivo contra los soldados muertos, a pesar de que sus cuerpos eran inusualmente robustos por haber sido originalmente cadáveres en descomposición.

—¡Queda uno!

El soldado muerto que estaban persiguiendo cargó hacia la unidad.

—¡Ja!

El estoque de Germaine brilló. La cabeza del soldado muerto salió volando.

—¿Eso es todo?

—Así parece.

Los soldados cayeron al suelo en el acto. Eso era natural. Llevaban tres días y tres noches luchando sin apenas descanso. Estaban en la cima del agotamiento.

—Todos lo habeis hecho bien —dije agradecidamente, entregándoles agua y comida.

—Igualmente.

—Gracias, joven señorita.

—¿Estás lastimada?

—No es gran cosa, solo me rozó.

—Estoy impresionada.

—Je.

—Lo hiciste bien también.

—Perdóname…

—Oh, ¿qué pasa, señorita Germaine?

—¿Qué haces aquí? —preguntó Germaine, viéndose disgustada mientras aceptaba su comida—. ¿No te dijeron que te quedaras en el castillo?

Me lo dijeron, pero lo ignoré y me escabullí en secreto. Y ahora estaba haciendo mi mejor esfuerzo como enfermera de combate temporal para la Unidad Langley.

—No puedes pelear pero vienes aquí al frente de todos modos; Desearía que te detengas, pero…

Me tragué el impulso de señalar lo hipócrita que era ella, alguien que se había emborrachado en una emergencia, por decir eso, forcé una sonrisa y respondí:

—Quiero ayudar a todos, aunque sea un poco. ¿Estoy siendo una molestia?

—No, supongo que has sido de gran ayuda para nosotros al proporcionar primeros auxilios. —Mi especialidad consistía en sanar las heridas, utilizando mi conocimiento como dama—. Creo que en ese caso sería mejor que te quedes con York en la retaguardia…

—Pero rara vez puedo tener experiencias personales como esta.

—… Dios mío, es como si todo esto fuera un juego para ti…

Germaine suspiró. Inmediatamente después de eso, escuché un grito desde muy lejos. Todos los presentes prepararon sus armas.

No tenía arma, así que por ahora agarré el cuenco que sostenía en mis manos.

—¡Es un soldado muerto! ¡Parece que queda uno!

—¡Se dirige hacia allí! Unidad Langley, ¡atrápadlo!

A esa voz de otra unidad, los soldados se prepararon para cualquier amenaza que los atacara.

……

Pero después de esperar mucho tiempo, el soldado muerto no apareció.

—¿…?

Finalmente oí el sonido de pasos del carril que conducía a la tercera calle.

Pero no era el golpe de un soldado muerto, ni el sonido metálico de las botas militares en uno vivo.

Era el sonido de los cascos.

—Esto es aún peor de lo esperado. ¿Qué tipo de persona es la que usaría monstruos como esos? Deben ser ellos.

El extremo de una lanza sostenida por una heroína que montaba un caballo blanco atravesó el cuerpo de un soldado muerto.

—¡E… eres tú!

Para la unidad Langley, esta mujer no era una aliada en la que pudieran confiar. Comprendí que las cosas se habían vuelto aún más tensas que antes.

Chartette gritó:

—¿Qué demonios crees que estás haciendo aquí tan descaradamente, Mouchet?

—Sigues siendo una tonta como siempre, ¿eh, Langley? Dale un mensaje al emperador. Dile que la ex comandante de la Fortaleza Retasan, Lily Mouchet, ha venido a verlo.