Capítulo 2-Las Tres Hijas del Señor Tortura; Escena 8

Atravesando una serie de pasillos, Cynthia se encontró en un lugar parecido a una capilla. No sabía por dónde anduvo ni cómo acabó allí.

Estaba profundamente herida, no físicamente, sino emocionalmente.

Todo era mentira.

En un estado de angustia extrema, aquel hombre se lo confesó todo.

Su hermano no estaba enfermo.

Todo… era obra de aquel hombre.

Pero aun así, ella no había olvidado su propósito de venir aquí.

—… Tengo que salvar a Danny. La jarra… La jarra de Basuzu.

Al fondo de la capilla había un altar con una gran urna delante.

Se parecía a la descripción que Gibbet dio de la «jarra de Basuzu», con cuatro asas de plata.

Cynthia sólo podía confiar en su hermano ahora. Tenía que salvarle a toda costa.

Cynthia se acercó al altar.

La urna, a pesar de ser un artefacto precioso, parecía haber sido dejada ahí con despreocupación.

Al mirar dentro, vio que estaba llena de agua.

—Si le hago beber esta agua… La enfermedad de Danny…

Justo cuando Cynthia alargó la mano para coger la jarra, sonó una voz grave, o eso pensó ella.

—No toques esa jarra.

—¿Hay alguien ahí?

La voz parecía venir de detrás del altar. Cynthia lo rodeó, pero no había nadie.

—¿Era sólo mi imaginación?

—No, no es tu imaginación.

Esta vez lo oyó claramente. Venía del suelo.

Cynthia bajó la mirada y vio una rana de ojos rojos.

—Hacía tiempo que un humano no llegaba tan lejos.

No había error. Una rana estaba hablando palabras humanas.

—¡Eek!

Asustada, Cynthia instintivamente saltó hacia atrás. En su precipitación, tropezó y cayó hacia atrás, aterrizando sobre su espalda.

—Ouch…

Cynthia se sujetó la cabeza palpitante. Se había formado un pequeño chichón. Al mirar hacia delante, vio algo brillante en el techo.

—¿Qué… es eso?

Esas fueron las últimas palabras de Cynthia.

Al momento siguiente, el objeto brillante que había visto se estrelló contra ella.

Todo era mentira.

Todo… era obra de ese hombre.

El dinero.

El dinero había llevado todo a la locura.

Incluso a Ian.

En el instante en que Cynthia se dio cuenta de que el objeto que caía era una enorme cuchilla, su cuello fue rebanado.

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