Capítulo 2-Las Tres Hijas del Señor Tortura; Escena 2

En el último piso de la Torre Torcia, en la capilla, Gibbet estaba disfrutando de una taza de té.

 

Hay cuatro habitaciones en este quinto piso.

 

Entre ellas, dos están vedadas a las tres hermanas o, mejor dicho, no podían entrar porque no tenían las llaves.

 

Probablemente fueran el estudio y el dormitorio que pertenecieron al antiguo propietario, Hank Fieron. El que tenía la llave probablemente fuera el propio Hank Fieron. Por lo que era bastante difícil encontrar dichas llaves.

 

El lugar más grande de esta planta era un almacén donde se guardaban las herramientas de mantenimiento.

 

Y una cosa más, situada en el centro de la quinta planta, estaba la capilla. Gibbet estaba sentada en uno de los bancos para fieles, dispuestos como en una iglesia típica.

 

El altar al fondo era la morada de «Dios».

 

Y delante del altar, la «Jarra de Basuzu».

 

En el lado derecho del altar, había una escalera que conducía a la azotea. Por allí, Rack estaba descendiendo. Últimamente, se había convertido en su rutina diaria admirar la vista nocturna desde la ahí arriba.

 

—Oh, estás despierta, hermana. —Rack se acercó rápidamente y se sentó frente a Gibbet—. Siempre me he preguntado…. —Rack señaló la taza de té que Gibbet sostenía—. ¿Qué tiene de delicioso eso?

 

Gibbet bebió un sorbo de té y colocó la taza sobre su regazo.

 

—Me tranquiliza cuando lo bebo. Sobre todo cuando me despierto de una pesadilla.

 

—¿Una pesadilla?

 

—Sí. Rack, ¿tú no tienes sueños?

 

—No suelo dormir, así que no tengo ninguno.

 

—Siempre estás llena de energía, Rack.

 

Un débil sonido metálico se escuchó desde la puerta de entrada de la capilla detrás de Gibbet.

 

—Oh, es Maiden.

 

Ese sonido era el tintineo de la armadura de cuerpo entero que llevaba Maiden.

 

Pronto, la puerta se abrió y entró la más joven de las tres hermanas.

 

—He terminado de reparar la pared —dijo Maiden, con su habitual rostro inexpresivo.

 

Contrariamente a su apariencia, Maiden era la más hábil de las tres hermanas. Por lo tanto, ella se encargaba de todas las reparaciones en las instalaciones de la torre.

 

Maiden se sentó en el asiento detrás de Gibbet.

 

—Pronto se nos acabará la cal.

 

Gibbet respondió con una sonrisa al comentario murmurador de Maiden.

 

—Ya veo. Compraré un poco cuando vuelva a la ciudad.

 

Rack se inclinó hacia delante desde su asiento.

 

—Qué suerte. Tú si puedes salir de la torre, hermana.

 

—Es lo que hay. Si tú o Maiden salís de la torre, ya no podreís permanecer en vuestra forma actual.

 

—Si crezco, ¿podré salir como tú, hermana?

 

—Jeje, sí, eso creo. Definitivamente podrás.

 

Rack retozaba como siempre, y Gibbet respondía con calma, como siempre.

 

Maiden observaba en silencio sus interacciones.

 

Después de terminar su té, Gibbet se levantó de su asiento mientras aún sostenía la taza.

 

—Bueno, entonces, es hora de que nos vayamos de aquí.

 

—De acuerdo, empezaré a limpiar. —Para igualar a su hermana mayor, Rack también se levantó.

 

Al igual que Maiden estaba a cargo de las reparaciones, Rack tenía el papel de «limpiar dentro de la torre». Con el fin de cumplir con su deber, se apresuró hacia la entrada.

 

Pero en ese momento…

 

—Esperad. —De repente, una voz baja resonó desde el altar.

 

—Oh, Señor, ¿pasa algo? —Gibbet respondió con calma a la voz.

 

El dueño de la voz, procedente del altar, no se dejó ver; sólo su voz resonó en la capilla.

 

—Alguien ha entrado en el primer piso. Un hombre… y una mujer… Ambos parecen jóvenes. No llevan espadas ni pistolas… Parece que no tienen armas importantes, sólo un cuchillo de defensa personal.

 

—Qué descuidados.

 

—¿Tienes idea de quiénes pueden ser?

 

—Sí. Creo que son los que se me acercaron en el Bar de Stella el otro día.

 

Rack se llevó ambas manos a la nuca y se encogió de hombros despreocupadamente:

 

—Sí, esta vez no parece muy emocionante. Sería divertido si fueran como la persona anterior y fueran capaces de causar algo de alboroto.

 

Gibbet intentó decir algo, pero antes de que pudiera, Maiden se levantó y habló.

 

—Si eso ocurriera siempre, las reparaciones se volverían un problema…

 

—Sí, tienes razón. Reventarían cosas a diestro y siniestro. Por cierto, Maiden, esa vez recibiste un impacto directo, ¿estás bien?

 

—No fue gran cosa.

 

—Sigues tan robusta como siempre. Por cierto, realmente no esperaba que aprovechara la oportunidad, hiciera un agujero en la pared con una bomba y saltara desde allí. Es la primera vez que se nos ha escapado alguien así. ¿Estuvo bien dejarlo ir, Gibbet? —Rack miró a Gibbet.

 

—Según los rumores de la ciudad… —Gibbet adelantó sus palabras y comenzó a hablar—. Por suerte, fue encontrado por un transeúnte que le prestó primeros auxilios. Sin embargo, nunca recuperó el conocimiento… y aparentemente murió.

 

—Vaya, es impresionante, teniendo en cuenta que no fue una muerte instantánea.

 

—En cuanto a nuestras verdaderas identidades, dudo que la gente del pueblo lo sepa. Incluso si lo supieran, no creo que pudieran hacer nada contra nosotras. Son solo humildes humanos movidos por deseos egoístas, fácilmente atraídos por un cebo que cuelga delante de sus narices. Son frágiles e indefensos.

 

Una vez más, se oyó una voz grave desde el altar.

 

—Así es. Sois seres superiores a los humanos. Sois obras de arte creadas por el Señor Hank. Y con las ofrendas que me hacéis… vuestro poder aumenta en proporción. —Las tres hermanas escucharon en silencio la voz—. Ahora, salid hoy también. Adoradme. Para cumplir sus “deseos”.

 

—Como ordenes.

 

—¡Entendido!

 

—Sí…

 

Las tres respondieron por separado y comenzaron a caminar hacia la puerta de entrada, con sus pasos resonando en la capilla.

Capítulo 1-Las Tres Hijas del Señor Tortura; Escena 9

Un mes después.

 

Stella, la propietaria del «Bar de Stella», visitó el hospital de Benji Kemp para visitar a un paciente.

 

Tumbado en la cama del hospital había un individuo extremadamente vendado, cubierto de heridas de la cabeza a los pies.

 

Hace tres días, Stella se cruzó por casualidad con esta persona herida cerca de la Torre Torcia y la trajo aquí. El doctor Benji trató las heridas, pero la persona seguía inconsciente.

 

—¿Cómo está, Benji? —preguntó Stella.

 

Benji sacudió la cabeza con tristeza.

 

—Sinceramente, su situación es complicada. Puede que dure otros tres días…

 

—¿Por qué tenía tantas heridas…? ¿No deberíamos intentar encontrar a su familia o a alguien a quien llamar? —sugirió Stella.

 

—Si no recupera la conciencia, no hay mucho que podamos hacer. Con su cara… en estas condiciones, es imposible identificarlos —respondió Benji.

 

El cuerpo de la persona herida estaba cubierto de heridas, y su cara, en particular, estaba masacrada.

 

—No sé quién es, pero siento mucha lastima por él….

 

 

 

Raymond, un artista callejero, exhibía una vez más su número en la avenida central de Lion City. Vestido como un bufón, entretuvo a la multitud con sus trucos, reuniendo a un público pequeño pero entregado.

 

Tras terminar su acto final y hacer una reverencia, aplausos dispersos y monedas fueron arrojadas al sombrero colocado frente a él.

 

La actuación de la mañana llegó a su fin. Raymond compró una pizza en un puesto cercano y se sentó en un banco.

 

—Uf~

 

Mientras se tomaba un descanso y disfrutaba de la comida, oyó por casualidad una conversación entre mujeres cercanas, enzarzadas en una animada discusión.

 

—He oído que han encontrado a un herido desplomado cerca de la torre.

 

—Vaya, ¿en serio? Esa torre debe estar maldita, después de todo.

 

—Esa chica, la hija de Lord Hank, seguro que tiene algo que ver.

 

—Bueno, yo lo dudo mucho.

 

—Si no, entonces deben ser los espíritus vengativos de las víctimas de Lord Hank.

 

—No, no, seguro que son los pensamientos persistentes de los prisioneros que mató.

 

Mientras escuchaba distraídamente sus palabras, Raymond se metió en la boca lo que quedaba de su pizza.

 

—La “Hija del Señor Tortura”, eh… Como si alguien así existiera.

 

Nadie en esta ciudad sabe realmente la verdad.

 

El Señor Hank no tuvo ninguna hija. Lo que hay en aquella torre son los instrumentos de tortura que él dejó atrás, que amaba como si fuera su propia descendencia.

 

—Espectros morando en herramientas, ¿eh?

 

Tras reflexionar un momento, Raymond se levantó y empezó a prepararse para su actuación de la tarde.

Capítulo 1-Las Tres Hijas del Señor Tortura; Escena 8

En la cuarta planta no se veían más habitaciones que las celdas. Toda la planta parecía estar llena de celdas.

 

Al desandar el camino por el que habían sido conducidos, llegaron a las escaleras que conducían hacia abajo. Lloyd y su compañero se apoyaron en la pared y continuaron descendiendo, dirigiéndose cada vez más abajo. Sin duda, la salida era por allí.

 

Estaban en el cuarto piso. Como habían bajado un tramo de escaleras, se encontraban en el tercer piso.

 

Sólo dos más. Si bajaban dos tramos más, verían la salida.

 

Repitiéndose esto a sí mismo, Lloyd caminó, soportando el dolor en sus piernas. Y entonces, sucedió.

 

Algo cayó de repente desde arriba.

 

No sólo uno, sino varios objetos.

 

Con su considerable peso, el impacto hizo que los escombros se esparcieran alrededor.

 

—¿Pero qué…?

 

El montón obstruyó el campo de visión de Lloyd y el otro joven, dejándolos en un estado de ceguera temporal.

 

Cuando el polvo se asentó, el entorno había cambiado drásticamente.

 

—¿Qué demonios…?

 

Había múltiples masas cilíndricas de hierro frente a ellos. Tenían pinchos y parecían ataúdes. Habían caído desde arriba.

 

A diferencia de los ataúdes normales, estos objetos cilíndricos tenían una protuberancia en la parte superior, donde se podían ver un rostro de mujer. Lloyd tocó con la mano el ataúd más cercano. Tenía una textura de hierro fría y áspera, y parecía estar cerrado con algún mecanismo.

 

—No, espera. ¿Qué está pasando?

 

Lloyd se dio cuenta de algo.

 

¿De dónde cayeron? De arriba. Pero…

 

¿Podría ser eso posible?

 

Lloyd miró al techo. Cuando lo atraparon en el segundo piso, había un espacio abierto arriba. Pero el tercer piso tenía un techo completo. No había ningún espacio vacío arriba.

 

¿Quizás se cayó algo que colgaba del techo? No, el techo de este piso no era tan alto. Si hubiera habido algo así, se habrían dado cuenta antes.

 

—¿De dónde demonios ha salido esto?

 

—Oh… se acabó. —Detrás de Lloyd, el joven que venía con él temblaba, habiendo perdido la compostura —. Nos han encontrado, nos han encontrado. Estamos acabados, nos matarán y nos pondrán a “dormir en la cama”…

 

—Ey, ¡¿qué está pasando?! ¿Qué demonios son estos ataúdes?

 

En ese momento, uno de los ataúdes giró su cara hacia Lloyd y el joven. Más precisamente, el ataúd rotó para mirar hacia ellos.

 

—¡¿Se movió?!

 

Inmediatamente después, innumerables ataúdes a su alrededor flotaron simultáneamente.

 

Y entonces, el grupo de ataúdes atacó a Lloyd.

 

—¡¿Whoa?!

 

Lloyd se apresuró a esquivar las masas de hierro que venían volando hacia él.

 

Sin embargo, el joven no pudo hacer lo mismo. Fue golpeado directamente por uno de los ataúdes y salió volando.

 

—¡!

 

El joven chocó contra la pared y cayó al suelo. Mientras yacía de espaldas, los ataúdes seguían bombardeándole.

 

Los ataúdes parecían flotar ligeramente, como pájaros.

 

Y uno de ellos pasó silenciosamente a su lado.

 

—¡Maldita sea! ¿Qué demonios está pasando?

 

Lloyd apuntó su arma a los ataúdes y disparó.

 

Pero el enemigo estaba hecho de hierro. Con un ruido metálico, las balas fueron desviadas.

 

—¿Debería usar esto?

 

Lloyd rebuscó en su bolsillo. Allí encontró el «arma letal» que le había dado antes el joven.

 

—… No, no funcionará. Solo conseguiré joder más la situación.

 

El espacio era demasiado reducido para usarlo. Lloyd cambió de idea y se centró en esquivar los ataúdes que cargaban hacia él.

 

Cuando miró al joven, la tapa del ataúd que tenía delante suya se encontraba abierta.

 

Aunque eran como ataúdes, no tenía ningún cadáver dentro. Sin embargo, no estaba completamente vacío.

 

Todo el interior del ataúd estaba lleno de innumerables clavos sobresalíentes.

 

—Ah, ah…

 

Con expresión aterrorizada, el joven se quedó mirando el ataúd abierto mientras su cuerpo flotaba en el aire.

 

—P-Para…

 

Su cuerpo estaba siendo succionado al interior del ataúd lleno de clavos.

 

Y cuando ya estuvo dentro, la tapa del ataúd se cerró lentamente.

 

No se oyeron gritos. Sin embargo, después de un rato, la sangre goteó de los huecos del ataúd.

 

Lloyd pudo verlo. Cuando aquel joven llamó a las tres hermanas «monstruos»… No se trataba de una broma.

 

Ahora se enfrentaba a algo más allá de la comprensión humana.

 

Los ataúdes continuaron su implacable asalto a Lloyd. Si las cosas seguían así, acabaría corriendo la misma suerte que el joven.

 

—¡Bajar! Tengo que bajar como sea.

 

Lloyd trepó por la barandilla que tenía delante y saltó al espacio abierto que conducía al segundo piso.

 

No había tiempo para dudar.

 

Desde allí, Lloyd saltó al piso inferior.

 

Pensó que se había preparado para un aterrizaje seguro, pero aún así cayó desde demasiado alto. Lloyd se retorció de dolor al caer al suelo.

 

Sin embargo, los ataúdes seguían cayendo desde la abertura sin piedad. Si se quedaba tirado en el suelo, sería aplastado.

 

Afortunadamente, parecía que sólo un ataúd le perseguía.

 

La segunda planta era un gran piso abierto. Lloyd observó su entorno y sacó el «arma secreta» de su bolsillo. La «herramienta mortal» que había traído el joven, que decía haber trabajado en una mina de carbón: Dinamita que podía volar por los aires incluso las rocas más resistentes de la mina.

 

Encendió la mecha y evaluó la distancia que le separaba del ataúd que caía. No podía estar demasiado lejos, pero si estaba demasiado cerca, quedaría atrapado en la explosión.

 

—¡Ahora!

 

Apuntando al centro del ataúd, Lloyd lanzó la dinamita con todas sus fuerzas. Sin embargo, la caída del ataúd fue más rápida de lo que esperaba. La explosión se produjo más cerca de Lloyd de lo que había previsto.

 

La torre resonó con la explosión, y el humo oscureció su visión.

 

Lloyd, atrapado en la explosión, fue arrojado sin medios para defenderse. Esta vez, ni siquiera pudo aterrizar correctamente y se estampó de cabeza contra el suelo.

 

—Ugh…

 

En un nebuloso estado de conciencia, Lloyd trató de ver qué había pasado con el ataúd, entrecerrando los ojos.

 

La explosión debería haber alcanzado al ataúd en el momento perfecto, pero cuando el humo se disipó, Lloyd jadeó.

 

El ataúd se alzaba cerca del centro de la explosión, imperturbable.

 

—No funcionó…

 

Si no huía, estaría acabado. Pensando eso, Lloyd soportó el dolor en todo su cuerpo y luchó por levantarse. En el momento en que se puso de pie, no pudo soportar la oleada de náuseas de su estómago y vomitó.

 

La mayor parte de lo que expulsó era sangre. Lloyd se tambaleó y volvió a caer al suelo.

 

Sus heridas eran más graves de lo que había pensado. Parecía que ya no podría levantarse.

 

—Maldita sea… No moriré en un lugar como éste.

 

Arrastrándose de nuevo hacia la escalera que conducía al primer piso, Lloyd intentó acercarse, arrastrándose en la oscuridad.

 

Los ojos de Lloyd, que podían ver con claridad incluso en la oscuridad, habían perdido el enfoque.

 

Ya ni siquiera sabía si iba en la dirección correcta.

 

Delante de él, sonó un fuerte ruido. Un ruido sordo, el sonido de algo cayendo. Ya no era necesario confirmar con la vista qué era aquel sonido, pero Lloyd levantó la cabeza y miró hacia arriba.

 

Como era de esperar, allí estaba el ataúd.

 

Su tapa comenzó a abrirse lentamente.

 

No tuvo más remedio que prepararse. Al igual que el joven que le precedía, se convertiría en un sacrificio.

 

—No… ¡No quiero morir!

 

Sin embargo, en contra de su voluntad, su cuerpo ya no respondía.

 

Y justo ante los ojos de Lloyd, la tapa del objeto cilíndrico se abrió completamente.

 

—¿E-eh?

 

Dentro del ataúd, había algo diferente. Era Maiden, con su armadura.

 

Lentamente comenzó a moverse y salió de dentro de aquel ataúd, mirando a Lloyd con un rostro inexpresivo.

 

Sin hacer nada, se quedó mirando.

 

En ese momento, una voz vino de detrás de Lloyd.

 

—Maiden, esta vez has ido demasiado lejos.

 

Lloyd hizo acopio de fuerzas y consiguió girar la cabeza hacia la dirección de la voz.

 

Allí estaba Gibbet, la mujer que se fue el catalizador de la infiltración de Lloyd. Junto a ella estaba la chica de pelo plateado, Rack. Las dos caminaron hacia Lloyd y Maiden.

 

—Debido a tu naturaleza, no se puede evitar, pero… no debes olvidar nuestro verdadero propósito —dijo Gibbet.

 

Ante las palabras de Gibbet, Maiden bajó ligeramente la cabeza.

 

—… Me disculpo, Lady Gibbet.

 

—Este invitado acaba de llegar hoy aquí. Deberíamos “agasajarle” con más respeto —continuó Gibbet.

 

Con un chasquido de sus dedos, numerosos dispositivos de tortura descendieron desde arriba.

 

—Si simplemente lo matamos de inmediato, no sería una tortura, sino una mera “ejecución”, y eso no nos sirve. Una tortura trata de cómo podemos proporcionar “sufrimiento” al contrario y obtener placer de ello.

 

«Están locas…», maldijo Lloyd en su mente.

 

Sin embargo, las palabras que salieron por su boca eran completamente diferentes de lo que realmente sentía.

 

—Por favor, te lo ruego, perdóname. Yo… Dejaré de robar, y no le hablaré a nadie de ti. Así que, por favor, ¡no me mates…!

 

Gibbet se acercó a Lloyd.

 

—Ya te he dicho que no te mataremos. No pronto, al menos. Te divertirás mucho con nosotras —dijo Gibbet. Se puso en cuclillas frente a Lloyd y le agarró la barbilla—. Desde que nos conocimos he pensado que tienes un rostro precioso. Me pregunto qué clase de gritos darás cuando te lo mutile.

 

—Para… ¡Por favor, no lo hagas…!

 

—Oh, así que sí eres un narcisista. Bueno, dan igual tus súplicas. No te servirán.

 

Sin que Lloyd lo supiera, Rack había aparecido detrás de Gibbet. Ésta sonrió y sacó un gran clavo.

 

—Hacer cosas que desagradan a tu oponente, esa es la esencia de la tortura.

 

Mientras Gibbet decía eso, soltó la barbilla de Lloyd y se levantó.

 

En su lugar, Rack agarró la parte posterior de la cabeza de Lloyd y levantó el clavo de 13 centímetros.

 

—¡Para!

 

El grito de Lloyd resonó en toda la torre.

 

Maldita sea.

 

¿Dónde me equivoqué?

Capítulo 1-Las Tres Hijas del Señor Tortura; Escena 7

Lloyd fue liberado de sus ataduras y confinado en una celda de la cuarta planta de la torre. Fue entonces cuando por fin se dio cuenta de que la habitación en la que había estado hasta hacía poco estaba en el tercer piso, pero en ese momento ya no le importaba.

 

En la celda ya había alguien tendido en el suelo. Era un joven, aún más maltrecho que Lloyd, con las extremidades estiradas. Parecía que había recibido el mismo trato que Lloyd.

 

—Un… nuevo “invitado”, ¿eh?

 

El joven, aún tumbado, mostró una sonrisa desvaída a Lloyd. Apenas quedaba vitalidad en sus ojos.

 

Mientras soportaba el dolor que aún persistía en su cuerpo, Lloyd bombardeó al hombre con preguntas.

 

—Eh, ¿qué demonios es esta torre? ¿En qué están pensando esas mujeres? ¿Por qué hacen esto?

 

—No te molestes en entenderlo. Solo somos “sacrificios” para un “dios”. Creen que atormentando y matando a mucha gente podrá resucitar a su padre.

 

—Su padre… ¿Te refieres a Hank?

 

—Sí, esas brujas locas han torturado y matado a innumerables personas, creyendo que así podrán resucitar a su padre ofreciendo sacrificios. Están locas.

 

Desde fuera de la celda se oían pasos. Junto con el ligero golpeteo, se oía un ruido metálico.

 

Pronto, una chica alta de pelo negro, vestida con una armadura, apareció frente a ellos.

 

—… Hora de comer. —dijo sin expresión alguno, y colocó dos platos con pan en la entrada de la celda. Luego, se fue abruptamente.

 

Lloyd no tenía apetito, así que no tomó el pan. Sin embargo, el joven de la celda se arrastró ansiosamente hacia los platos y se metió el pan en la boca con rapidez.

 

—Tú también deberías comer. Sólo nos dan comida suficiente para mantenernos con vida a duras penas. Si no te obligas a comer, morirás enseguida… como los demás.

 

—Esa chica de hace un momento, ¿es una de las tres hermanas?

 

—Sí, así es. Maiden, la tercera hermana. Parece que está a cargo de la comida, por lo que solo aparece cuando la trae.

 

—¿Y esa mocosa de pelo plateado?

 

—Esa es Rack, la segunda hermana. La rubia de pelo largo es Gibbet, la hermana mayor. Pueden parecer débiles, pero son mujeres aterradoras. Prepárate. A partir de ahora, recibirás el mismo trato todos los días hasta que mueras. Hasta la muerte…

 

«Tch. No me voy a dejar matar en un lugar como éste.»

 

Lloyd miró fuera de los barrotes de hierro, observando los alrededores. Podía ver varias celdas similares, pero parecía que esta era la única ocupada.

 

En el lado opuesto, había pilas de equipaje. Al examinarlas más de cerca, Lloyd vio entre ellas la pistola que se le había caído. Parecía que allí se reunían las pertenencias de los capturados.

 

Tras terminarse el pan, el joven volvió a tumbarse en el suelo y cerró los ojos.

 

—Eh, tú.

 

Antes de que perdiera completamente el conocimiento, Lloyd decidió preguntar lo que pudiera, así que volvió a llamarle.

 

—¿Qué?

 

—¿Piensas aceptar sin más que te torturen y te maten así? ¿No planeas escapar?

 

—… Mucha gente ha intentado escapar aprovechando la oportunidad cuando fueron trasladados a esta celda.

 

—¿Qué les ocurrió?

 

—Todos fueron brutalmente asesinados. Esas tipas son mucho más monstruosas de lo que puedas imaginar, jejeje. Y con el estado en el que nos encontramos, que ni siquiera podemos caminar correctamente, no hay ninguna posibilidad de ganar ante ellas.

 

—Nadie hace guardia, ¿no? Sólo tenemos que escapar sin ser notados por ellas, eso es todo.

 

—… Si la cerradura de la celda se pudiera desbloquear, eso podría ser posible. Pero no sé cómo podríamos abrirla.

 

—Bueno, en verdad esa es una tarea fácil.

 

Lloyd se acercó a la entrada de la celda y metió la mano por el hueco de los barrotes de hierro cercanos al ojo de la cerradura, jugueteando con ella.

 

—Maldita sea, tal vez porque tengo todo el brazo roto mis dedos no se me mueven bien… ¡pero…!

 

Al cabo de un rato, resonó un pequeño «clic» y la puerta de la celda se abrió con facilidad.

 

—… ¡Eres increíble! ¿Eres un ladrón profesional o algo así?

 

Ignorando la voz del joven, Lloyd atravesó la puerta de la celda y se levantó lentamente.

 

Un intenso dolor recorrió sus dos piernas. Parecía imposible correr, pero mientras se apoyara en la pared, podía apenas caminar.

 

Lloyd también abrió la celda de enfrente y recogió su pistola.

 

—Ey… ¿Puedes andar?

 

Podía abandonar fácilmente a alguien que acababa de conocer, esa no era una carga moral para él, pero teniendo en cuenta las circunstancias, pensó que tener más aliados sería mejor.

 

«Si llega el caso, podría usarlos como señuelo…»

 

—Sí, bueno, no muy bien, pero si es por sobrevivir, caminaré hasta que mis piernas cedan.

 

Después de que el joven regresara de la pila de equipaje, sacó algo de una de las bolsas.

 

—Toma, quédate con esto. —Le entregó a Lloyd unos objetos que llevaba en la mano.

 

—Son… cosas bastante peligrosas las que me traes.

 

—Trabajo en la mina de carbón. Son perfectas como armas letales en caso de emergencia, ¿no crees?

 

—Podríamos terminar en un apuro nosotros mismos.

 

—Por eso es para un último recurso. Bueno, guárdalas como talismán o algo así.

 

—Sí… Muy bien, vamos. Antes de que nos noten.

 

Con eso, se prepararon para escapar.