Lloyd fue liberado de sus ataduras y confinado en una celda de la cuarta planta de la torre. Fue entonces cuando por fin se dio cuenta de que la habitación en la que había estado hasta hacía poco estaba en el tercer piso, pero en ese momento ya no le importaba.
En la celda ya había alguien tendido en el suelo. Era un joven, aún más maltrecho que Lloyd, con las extremidades estiradas. Parecía que había recibido el mismo trato que Lloyd.
—Un… nuevo “invitado”, ¿eh?
El joven, aún tumbado, mostró una sonrisa desvaída a Lloyd. Apenas quedaba vitalidad en sus ojos.
Mientras soportaba el dolor que aún persistía en su cuerpo, Lloyd bombardeó al hombre con preguntas.
—Eh, ¿qué demonios es esta torre? ¿En qué están pensando esas mujeres? ¿Por qué hacen esto?
—No te molestes en entenderlo. Solo somos “sacrificios” para un “dios”. Creen que atormentando y matando a mucha gente podrá resucitar a su padre.
—Su padre… ¿Te refieres a Hank?
—Sí, esas brujas locas han torturado y matado a innumerables personas, creyendo que así podrán resucitar a su padre ofreciendo sacrificios. Están locas.
Desde fuera de la celda se oían pasos. Junto con el ligero golpeteo, se oía un ruido metálico.
Pronto, una chica alta de pelo negro, vestida con una armadura, apareció frente a ellos.
—… Hora de comer. —dijo sin expresión alguno, y colocó dos platos con pan en la entrada de la celda. Luego, se fue abruptamente.
Lloyd no tenía apetito, así que no tomó el pan. Sin embargo, el joven de la celda se arrastró ansiosamente hacia los platos y se metió el pan en la boca con rapidez.
—Tú también deberías comer. Sólo nos dan comida suficiente para mantenernos con vida a duras penas. Si no te obligas a comer, morirás enseguida… como los demás.
—Esa chica de hace un momento, ¿es una de las tres hermanas?
—Sí, así es. Maiden, la tercera hermana. Parece que está a cargo de la comida, por lo que solo aparece cuando la trae.
—¿Y esa mocosa de pelo plateado?
—Esa es Rack, la segunda hermana. La rubia de pelo largo es Gibbet, la hermana mayor. Pueden parecer débiles, pero son mujeres aterradoras. Prepárate. A partir de ahora, recibirás el mismo trato todos los días hasta que mueras. Hasta la muerte…
«Tch. No me voy a dejar matar en un lugar como éste.»
Lloyd miró fuera de los barrotes de hierro, observando los alrededores. Podía ver varias celdas similares, pero parecía que esta era la única ocupada.
En el lado opuesto, había pilas de equipaje. Al examinarlas más de cerca, Lloyd vio entre ellas la pistola que se le había caído. Parecía que allí se reunían las pertenencias de los capturados.
Tras terminarse el pan, el joven volvió a tumbarse en el suelo y cerró los ojos.
—Eh, tú.
Antes de que perdiera completamente el conocimiento, Lloyd decidió preguntar lo que pudiera, así que volvió a llamarle.
—¿Qué?
—¿Piensas aceptar sin más que te torturen y te maten así? ¿No planeas escapar?
—… Mucha gente ha intentado escapar aprovechando la oportunidad cuando fueron trasladados a esta celda.
—¿Qué les ocurrió?
—Todos fueron brutalmente asesinados. Esas tipas son mucho más monstruosas de lo que puedas imaginar, jejeje. Y con el estado en el que nos encontramos, que ni siquiera podemos caminar correctamente, no hay ninguna posibilidad de ganar ante ellas.
—Nadie hace guardia, ¿no? Sólo tenemos que escapar sin ser notados por ellas, eso es todo.
—… Si la cerradura de la celda se pudiera desbloquear, eso podría ser posible. Pero no sé cómo podríamos abrirla.
—Bueno, en verdad esa es una tarea fácil.
Lloyd se acercó a la entrada de la celda y metió la mano por el hueco de los barrotes de hierro cercanos al ojo de la cerradura, jugueteando con ella.
—Maldita sea, tal vez porque tengo todo el brazo roto mis dedos no se me mueven bien… ¡pero…!
Al cabo de un rato, resonó un pequeño «clic» y la puerta de la celda se abrió con facilidad.
—… ¡Eres increíble! ¿Eres un ladrón profesional o algo así?
Ignorando la voz del joven, Lloyd atravesó la puerta de la celda y se levantó lentamente.
Un intenso dolor recorrió sus dos piernas. Parecía imposible correr, pero mientras se apoyara en la pared, podía apenas caminar.
Lloyd también abrió la celda de enfrente y recogió su pistola.
—Ey… ¿Puedes andar?
Podía abandonar fácilmente a alguien que acababa de conocer, esa no era una carga moral para él, pero teniendo en cuenta las circunstancias, pensó que tener más aliados sería mejor.
«Si llega el caso, podría usarlos como señuelo…»
—Sí, bueno, no muy bien, pero si es por sobrevivir, caminaré hasta que mis piernas cedan.
Después de que el joven regresara de la pila de equipaje, sacó algo de una de las bolsas.
—Toma, quédate con esto. —Le entregó a Lloyd unos objetos que llevaba en la mano.
—Son… cosas bastante peligrosas las que me traes.
—Trabajo en la mina de carbón. Son perfectas como armas letales en caso de emergencia, ¿no crees?
—Podríamos terminar en un apuro nosotros mismos.
—Por eso es para un último recurso. Bueno, guárdalas como talismán o algo así.
—Sí… Muy bien, vamos. Antes de que nos noten.
Con eso, se prepararon para escapar.

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