—¡Hay alguien aquí! ¡Parece una mujer! —gritó Raymond en cuanto llegaron al segundo piso, en el mismo tono relajado que cuando encontró la jarra con flores en el piso inferior, sin una pizca de tensión.
Sin embargo, era el único que estaba tan despreocupado.
Una entidad distinta a ellos dentro de la torre. Eso significa un enemigo.
Joshua sacó el paño de su bolsillo y lo extendió en el suelo, adentrándose rápidamente en el círculo mágico desplegado.
Vivian sostenía la bola de cristal en la mano y caminaba delante de Raymond, mirando fijamente a la figura que tenía delante. La luz de la lámpara de Raymond iluminó la silueta de una mujer de pie delante de ella. A medida que se acercaba, la silueta se hacía más nítida.
—¿Qué os trae aquí a estas horas de la noche…?
Esas fueron las primeras palabras de la mujer. Parecía sorprendida y perpleja, observándoles.
Una respuesta natural, sin pretensiones. Sin embargo, Vivian comprendió que todo era una actuación.
—Encantada de conocerte, Gibbet. Soy Vivian.
Cuando Vivian se dirigió a ella, la ceja derecha de la mujer se alzó ligeramente.
—… Bueno, ¿no es extraño? Acabas de decir “encantada de conocerte” y, sin embargo, parece que sabes mi nombre.
—Así que la información de Crossrosier sobre la hermana mayor en la Torre Torcia, la del pelo rubio y vestido, era correcta.
—Crossrosier… Ya veo, ahora lo entiendo.
La confusión desapareció de la cara de Gibbet.
—Jeje, así que conoces sobre Crossrosier. Bueno, ¡no te servirá de mucho!
Cuando Vivian alzó la voz, la bola de cristal emitió una luz repentina e intensa.
La luz se extendió en espiral, iluminando la torre con un color blanco azulado.
—¡Vaya, increíble! —exclamó Raymond con admiración—. Pero… si tenías este tipo de poder, entonces la lámpara era innecesaria…
El comentario casual de Raymond, ya fuera en broma o en serio, fue ignorado por todos los presentes.
—¡No me contendré!
La luz se hizo cada vez más brillante. Incluso Joshua, que era el que estaba más lejos, tuvo que apartar la mirada debido a su brillo.
—Vaya, qué terrorífico. ¿Qué me pasaría si me alcanzara eso?
A pesar de sus palabras, la expresión de Gibbet no cambió.
—¡Esta es la llama del purgatorio que convierte a todos los monstruos en cenizas! ¡Borraré tu existencia de este mundo! —La bola de cristal de Vivian se intensificó aún más—. Con esta bola de cristal, la herramienta más fuerte creada por la alquimia de “Crossrosier”, junto con mi magia, alguien como tú…
Joshua se cubrió los ojos con la mano izquierda y los asomó por los huecos entre los dedos para observar la situación. Había demasiada luz para mirar directamente. Sólo podía ver las tres figuras.
«Parece ser cierto que Vivian es una hechicera excepcional con tanta luz. Definitivamente fue la decisión correcta confiar en ella. Je, parece que ese monstruo no puede ni hacer un movimiento porque está abrumada.»
—¡Ahora! ¡Prueba mi técnica secreta definitiva! —Vivian levantó la bola de cristal por encima de su cabeza— ¡Toma esto!
En ese instante, un tremendo sonido de impacto acompañó a la difusión de la luz.
«¡¡¡Ohhhhhh!!!»
Incapaz de soportar el brillo o la abrumadora intensidad, Joshua se postró en el sitio.
—¿Funcionó? ¿Lo ha conseguido?
No podía captar la situación con claridad, pero definitivamente algo explotó.
«Ahora que lo pienso, Raymond también estaba cerca de Vivian. Me pregunto si se vio envuelto en ello. Bueno, aunque ese mocoso muriera, no importaría mucho.»
Mientras Joshua pensaba esas cosas, los alrededores se quedaron en silencio. La luz parecía haber disminuido.
—… Entonces, ¿qué pasó?
Joshua levantó la cabeza y comprobó el frente.
Lo que había esperado era una escena en la que el enemigo hubiera desaparecido y Vivian se alzara orgullosa, proclamando la victoria.
Sin embargo, en realidad, las esperanzas y expectativas de Joshua fueron traicionadas.
En primer lugar, el sonido de antes no era el de la magia al activarse, sino el que hizo la doncella de hierro frente a él al caer desde arriba.
Luego, Vivian, que yacía aplastada bajo dicha doncella de hierro, estaba sin duda muerta.
Por último, innumerables clavos se acercaban justo delante de él.
«Vivian, tú misma lo dijiste, ¿no? “Si estás dentro de este círculo mágico, el monstruo no podrá atacarte”.
Entonces, ¿por qué hay clavos de cinco pulgadas atravesando mi cabeza y corazón?
Maldita sea. Todo eran mentiras, eh.
Sucia charlatana.»

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