Capítulo 4-Las Tres Hijas del Señor Tortura; Escena 3

Planta baja, vestíbulo de la torre.

Entre las cuatro personas presentes, sólo dos habían entrado aquí antes.

Raymond, uno de ellos, intentaba encender la lámpara que sostenía.

Sin embargo, no iba bien. Raymond pulsaba repetidamente el interruptor con cara de frustración.

—Dámela.

El enmascarado le arrebató la lámpara a Raymond y golpeó el interruptor lateral con un movimiento rítmico dos o tres veces.

Entonces, la luz de la lámpara se encendió.

—Impresionante.

El enmascarado respondió con calma a pesar de la forzada admiración de Raymond:

—Ahora, Benji, deberías sujetar esto.

Raymond le entregó la lámpara encendida a Benji.

La mujer que los observaba tenía una expresión de perplejidad.

—¿Hmm? ¿Qué está pasando?

—Bueno, a partir de aquí, nos dividiremos en dos equipos. Stella y Benji, tendréis que esperar aquí.

Al oír esto, Stella frunció ligeramente las cejas.

—¿Qué? ¿No vamos juntos?

—Lo he dicho muchas veces, pero esta torre es peligrosa. No puedo llevarte más lejos sin experiencia en combate o las herramientas necesarias.

—En serio, a estas alturas… ¡Eh, Dr. Benji!

Stella se giró para mirar a Benji detrás de ella, esperando que estuviera de acuerdo. Sin embargo, contrariamente a sus expectativas, Benji no parecía oponerse a la sugerencia de Raymond.

—No me importa. Además, ya estaba informado de antemano.

—¡Pues a mí no me dijisteis nada!

—Bueno, fue ayer mismo que mencionaste lo de “acompañarnos”.

Para calmar a Stella, que seguía enfadada, Raymond añadió más explicaciones.

—Hay otra razón para dividirnos en dos equipos. Es muy probable que las tres hermanas ya se hayan dado cuenta de nuestra presencia en esta torre. Si seguimos los cuatros, no podremos evitar un enfrentamiento con ellas, incluso si usamos el “pasadizo secreto” marcado en el plano que trajo Benji.

La coincidencia de que Benji fuera descendiente del diseñador de la torre fue un golpe de suerte para Raymond. Obtener información sobre la torre a través de Benji facilitó la estrategia. Sin embargo, Raymond podía predecir que el propio Benji no quería acompañarlos en la batalla.

—Por eso nos dividiremos en dos equipos y dispersaremos las fuerzas enemigas, ¿verdad?

—Exactamente. Me di cuenta cuando vinimos aquí la última vez, pero si las tres hermanas nos atacan simultáneamente, sería un poco… no, no poco… significativamente desventajoso. Incluso si alguna de ellas viene hacia ti, nos dará tiempo suficiente.

—… Pero y si… hipotéticamente… Gibbet y las otras son realmente “espectros”. ¿Podríamos nosotros dos solos enfrentarnos a seres como esos?

El enmascarado parecía ansioso por decir algo en respuesta a las palabras de Stella, pero Raymond lo contuvo suavemente.

Probablemente quería decir: «¿Ahora dices eso, luego de venir hasta aquí a la fuerza?». Raymond estaba de acuerdo con ese sentimiento hasta cierto punto, pero discutirlo aquí no tendría sentido.

—No te preocupes, por eso te quedaras en la planta baja. Si vienen las tres hermanas, podrás escapar rápidamente por esta puerta. Probablemente no te perseguirán fuera de la torre.

Stella todavía parecía querer decir algo, pero esta vez Benji intervino.

Le dio el plano de la torre, que tenía en la mano, a Raymond.

—¿Quieres que me lleve esto? No, no te preocupes. Ayer me lo memoricé. Por favor, quédatelo, Benji. Es una herencia importante de tu familia, ¿verdad?

—No creo que tenga algún valor monetario, así que… Raymond, aunque sea para ir por seguro.

—Vale, está bien.

Mientras sostenía la lámpara encendida que recibió del enmascarado, Benji miró a su alrededor.

—Nosotros… No subiremos. Es una promesa. Pero vagaremos por esta planta baja. Es aburrido esperar, y quiero explorar el interior de esta torre construida por mis antepasados.

—… Sólo asegúrate de no alejarte demasiado de la entrada.

—Sí, tampoco quiero que me maten sin sentido. Dejaré el verdadero turismo para cuando derrotemos a las tres hermanas y a su líder.

—De acuerdo. Cuídate.

—Igualmente.

Después de darle la espalda a Raymond, Benji se acercó a Stella y ligeramente puso su brazo alrededor de su hombro de manera amistosa.

—Entonces, Stella, ¿hacemos de esto nuestra cita nocturna mientras ellos están fuera?

—Me niego.

—Jaja, es sólo una forma de hablar. Vamos a vigilar hasta que vuelvan.

Stella miró de reojo, vislumbrando al hombre enmascarado. Parecía desinteresado en su conversación y se limitaba a mirar al techo.

—Vamos. ¡La puerta secreta está por aquí!

Raymond dio un golpecito en la espalda del enmascarado para animarle, y los dos empezaron a caminar hacia las profundidades de la torre.

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