Al final de la escalera había un pasadizo que se curvaba con gracia.
Los desperfectos de las paredes, que se desmoronaban a ambos lados, y los desconchones del interior en varios lugares evidenciaban que no se había llevado a cabo ningún tipo de mantenimiento.
Sin embargo, si un edificio había permanecido abandonado durante casi veinte años, era natural que tuviera este aspecto.
Cuando llegó por primera vez a esta torre, vio el estado del interior. A primera vista, no resultaba evidente, pero al inspeccionarlo más de cerca, había rastros de reparaciones. Una de las tres hermanas debió de realizar las reparaciones para hacerla más habitable para ellas.
En ese sentido, podría decirse que eran las guardianas de esta torre.
¿Por qué fueron creadas? ¿Fue un capricho de Beritoad, o la voluntad de Lord Hank?
«Lord Hank Fieron…
Un amigo íntimo de mi padre adoptivo.
El héroe que lideró la expedición para derrotar a Beritoad.
Que, al final, se convirtió en una marioneta controlada por Beritoad.
Él ya no está en esta torre.
Duerme en las profundidades del mar, eternamente.»
Un recuerdo de su infancia pasó por la mente de Raymond.
Pero lo apartó rápidamente de sus pensamientos.
«Es inútil pensar en ello ahora.»
Lo siguiente que le vino a la mente fueron las palabras del hombre que lo recogió y salvó: “Ha llegado el momento de resolver esto”.
En aquel momento, en aquel antiguo castillo, su padre adoptivo le dio la espalda y dijo estas palabras en voz baja:
—La educación que te he dado todo este tiempo dará sus frutos. Derrota a nuestro archienemigo, Beritoad. Y, si es posible, tráelo vivo.
El antagonismo de su padre adoptivo hacia Beritoad no era sólo porque había traicionado a su amigo, Lord Hank.
Su enemistad se remontaba mucho más atrás, mucho antes de que Raymond naciera. Raymond pretendió escuchar las órdenes de su padre adoptivo e ignoró la mitad.
«No tengo intención de capturarlo vivo. Hoy aniquilaré a Beritoad aquí mismo.»
Al final, su padre adoptivo sólo quería quitarle uno de los poderes que usaba Beritoad.
El poder de la alquimia, que crea materia de la nada.
«Por eso me recogió. Presumiblemente, previó que yo poseía ese poder.»
Sin embargo, el poder que Raymond poseía al final se quedó corto para satisfacer a Romalius.
«Puedo convertir lo “pequeño” en “grande”, pero no puedo convertir “nada” en “algo”. Después de todo, sólo poseo la mitad de su sangre.»
Pero para Raymond, las ambiciones de su padre adoptivo y su enemistad eran irrelevantes.
No tenía intención de convertirse en la marioneta de Romalius.
Aunque por fuera pareciera estar del lado de los humanos, ese hombre sólo se movía por sus propias ambiciones, utilizando a los demás como meras herramientas. En ese sentido, Romalius y Beritoad no eran tan diferentes.
Raymond no tenía intención de labrar ese terreno, aunque tampoco pensaba despreciarlos.
Después de todo, al final él también utilizó a otros para sus propios fines. Sin embargo, Raymond nunca pudo aceptar plenamente la sangre espectral que fluía en su interior.
Un recuerdo perturbador de su infancia parpadeó en la mente de Raymond.
Un recuerdo, de cómo era rechazado por ser hijo de un espectro. Y el recuerdo de su madre siendo perseguida por bruja. El recuerdo de ella proclamando su amor por el espectro incluso cuando estaba a punto de ser quemada en la hoguera.
El sentimiento de repugnancia hacia la existencia de los “espectros” era algo que quedó grabado en su corazón desde que era joven. No es algo que pueda borrarse fácilmente. Incluso después de convertirse voluntariamente en hijo adoptivo de uno de ellos en aras de la supervivencia y de su propio propósito, ese sentimiento no cambió.
Raymond actuaba basándome en su propio sentido de la justicia.
Los pasos que había estado oyendo detrás de él desde hace un rato se hicieron gradualmente más fuertes. Al poco, ya quedaban muy cerca de él, sincronizados con su propia velocidad al caminar. Quien le seguía no le habló. Raymond sabía quién era, así que ni siquiera se molestó en darse la vuelta para confirmarlo.
Una escalera de caracol similar a la de antes apareció a la vista al final del pasillo.
—Esa escalera también está bastante deteriorada.
Finalmente, el hombre que estaba detrás de él habló. Se oía su voz apagada bajo la máscara.
—Bueno, recemos para que no se derrumbe mientras subimos.
Cuando Raymond dijo esto y empezó a ascender, el enmascarado le siguió.

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