Parte 1, Capítulo 4-El Nuevo «Père Noël»; Escena 4

Pecados Capitales del Mal: Quinto, Pierrot, Páginas 136-140



16 de mayo.

Aproximadamente tres meses después de la muerte de Yuzette.

Parecía que el próximo «trabajo» de Lemy se determinaría pronto.

—¿Nob Nicole?

A pesar de que le dieron ese nombre, Lemy ni siquiera sabía quién era.

—Es el vicecomandante de la Fundación Freezis —explicó Bruno, «Segundo, Comerciante», mientras fumaba un poco de tabaco.

Había vuelto a la casa. Bruno siempre llegaba en medio de la noche, para que la gente no lo viera allí.

—¿Pero no es usted el vicecomandante de la Fundación Freezis, Br… «Segundo, Comerciante»?

—Hay otro. Y ese es Nob Nicole, un hombre demasiado estricto y poco atractivo. Lo que es peor, detesta a Père Noël más que a nada.

—¿Por qué?

—Su hermano menor fue asesinado por «Quinto, Pierrot»… Ah, por supuesto, no me refiero a ti. Ese fue el Pierrot anterior.

Según Bruno, Nob estaba tramando una estrategia de batalla combinada con la Policía Mundial para tomar medidas enérgicas contra el «mercado negro» que servía como fuente de fondos para Pere Noel.

—Sería extremadamente inconveniente cerrar el mercado negro. Tanto para Père Noël como para la Fundación Freezis.

Julia agregó a la conversación:

—Con la incorporación de Comerciante en Père Noël, la Fundación Freezis tiene una relación de cooperación con nuestro mercado negro. En secreto, por supuesto. Es mutuamente beneficioso para ambos tratos. La fundación ha podido expandir su mercado mucho más que antes, y Père Noël ha podido obtener unos ingresos mucho mayores.

—Es como si Nob no lo supiera. –Bueno, supongo que le he estado ocultando ese hecho. ¡Él debería saber que no podemos mantener la base en funcionamiento simplemente aferrándonos a nuestra gloria pasada ahora que el viejo comandante ha muerto!

Bruno golpeó el escritorio frente a él con el puño.

—Por favor, no hagas semejante alboroto. … ¿Qué piensa el nuevo comandante de todo esto?

Bruno hizo una expresión amarga ante la pregunta de Julia.

—La comandante Aai es una tipa excelente. Pero ni más ni menos. Ella favorece solo los proyectos llamativos y nunca vuelve sus ojos al trabajo sucio. Es por eso que un hombre como yo tiene que apoyarla desde el margen.

—Tanta lealtad le tienes… –Aunque no puedo imaginar que estés diciendo toda la verdad.

—… ¿Qué quieres decir con eso?

—¿Crees que no conozco tu pasado? … Me pregunto qué rostro verdadero se esconde detrás de esa máscara falsa tuya.

Bruno, sin pensarlo, bajó los ojos ante el atrevido comentario de Julia.

—… La gente puede cambiar. Incluso si intentara explicarte mi amistad con el viejo comandante, no puedo imaginar que lo entenderías.

—Como sea. Ciertamente, no podemos dejar el tema de Nob Nicole en el aire. Nos ocuparemos de él, en una semana.

—Por supuesto. La semana que viene se dirigirá a Lucifenia con la comandante y conmigo para una reunión contigo. Pensé que sería un buen momento para atacar. Déjame los preparativos para eso. –Tomaré los arreglos necesarios para asegurarme de que no se interpongan moscas en el camino.

Julia se volvió hacia Lemy y le dedicó una sonrisa.

—¿Crees que puedes hacerlo, «Quinto, Pierrot»?

—Realmente no entiendo de lo que están hablando, pero lo principal es que tengo que matar a ese tipo, ¿no? Suena fácil.

Lemy le devolvió la sonrisa.

Bruno lo miró con una complicada expresión en el rostro.

—Casi no te reconozco. Parece que ahora disfrutas bastante matando gente.

—Así es. ¿Por qué lo dicds? ¿Tienes algún problema con eso?

—No… solo estaba pensando que «Primera, Santa Claus» tiene una «gran» forma de criar a los niños.

Julia se acercó a Bruno por un lado y le agarró la barbilla con fiereza.

—¿Estas siendo sarcástico? No le he enseñado nada que no necesite aprender y no le estoy lavando el cerebro. Acabo de guiarle a lo largo de su verdadera naturaleza. Sin mencionar que «Quinto, Pierrot» ha colmado espléndidamente mis esperanzas en él, como esperaba. … Aunque no espero que lo entiendas.

—Hmph. Parece que te he enfurecido. Entonces me haré a un lado antes de que me quemes hasta las cenizas.

Bruno se levantó de su silla.

—Bueno, entonces, cuento contigo, «Quinto, Pierrot».

Se puso la gorra y se fue.

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