Pecados Capitales del Mal: Quinto, Pierrot, Páginas 140-146
—Aah…
Ayn respiró hondo en su habitación de la posada.
—¿Un suspiro? Suspirar no es bueno, detective Anchor. Cuando haces eso, expulsas tu felicidad. –¿Qué tal si tomamos una copa?
Willus le tendió una copa con una botella de vino en la otra mano.
—…Gracias. —Ayn se tragó el vino blanco de la copa de un trago—. Han pasado casi cuatro meses desde que llegamos aquí. –Hemos llegado a un callejón sin salida, detective.
—Estamos agotados, estamos agotados. Nos hemos quedado sin pistas.
Al final de la búsqueda a través de las prostitutas, los dos tenían sus ojos puestos en una persona específica.
Isabel Ismael. Una mujer en un burdel del séptimo distrito.
Había muchas prostitutas que tenían antecedentes poco fiables, pero Isabel se destacaba entre ellas. Había aparecido en Rolled y había comenzado a trabajar un año antes, pero anterior a esa fecha no había historia sobre ella que pudieran encontrar. A pesar de su búsqueda, no pudieron encontrar a nadie que la conociera antes de que se convirtiera una prostituta de Rolled.
Era como si ella no hubiera existido.
Antes de que pudieran ir a preguntarle a Isabel por qué, recibieron un informe de que había muerto.
Supuestamente fue una enfermedad.
—Detective Zorach, usted mismo confirmó su muerte. ¿Como estaba? ¿Algo parecía raro?
—Según los hallazgos del médico, definitivamente se debió a una enfermedad.
—¿Cuál fue la enfermedad?
—La Enfermedad Gula.
—¿La Enfermedad Gula? Es difícil creer que alguien muera de eso en esta época.
—Eso es porque hay un maravilloso medicamento contra la enfermedad. Y lo que se decía de ella apuntaba a que no tenía problemas de dinero. Bueno, hay algunas personas que desconfían de los médicos y la medicina, por muy pocas que sean. Quizás Isabel era una.
Es más, los asesinatos en serie se habían detenido recientemente.
—… No crees que Isabel fuera realmente la asesina, ¿verdad? El momento de su muerte coincide con el final de los asesinatos.
—Eso es interesante, una idea muy interesante, Detective Anchor. Pero dudo que una mujer pueda cometer tantos asesinatos como esos.
—Eso es prejuicio de tu parte. Hay mujeres con una fuerza que puede avergonzar a los hombres.
—… Hay otra posibilidad. Que Isabel era la persona a la que se dirigía el asesino, y con su objetivo logrado, el asesino ya no tiene ningún motivo para repetir sus asesinatos, no es inconcebible.
—El asesino estaba apuntando a prostitutas, así que eso también parece bastante probable. Bueno, en cualquier caso, si no ocurren otros incidentes a partir de aquí, supongo que sería suficiente.
—No, no lo sería. Si el asesino aún está vivo, debemos hacer que se enfrente al castigo. –Suponiendo que todavía esté vivo.
Willus bebió su vino blanco.
—Detective Zorach… ¿Qué piensa usted, con respecto a la afirmación del asesino de ser «Quinto, Pierrot»?
Era algo sobre lo que Ayn siempre se había preguntado.
—¿Qué pienso… sobre qué?
—El miembro «Quinto, Pierrot» de Père Noël ya falleció. Hace tres años, usted le disparó. Eso es lo que escuché del jefe.
Ayn señaló la pequeña arma escondida en la funda de Willus en su cadera.
—-Jo. ¿Crees que esto es un pistola?
Willus lo sacó y se lo tendió para mostrárselo a Ayn.
—No hay pistolas así de pequeñas.
—Deja de jugar conmigo. He visto una que se parece a esa antes.
—… Heidemarie, ¿eh?
—Sí. Ella me dijo que le enseñaste cómo hacerla.
—Solo lo básico. Su arma es diferente a la mía. Mi pistola solo dispara balas de plomo, y la de ella puede disparar eso y rayos de luz además.
—El hecho de que sea un arme que supera con creces las pistolas de mecha normales es el mismo para ambas. Por eso fuiste capaz de derrotar a «Quinto, Pierrot». –Pero «Quinto, Pierrot» ha vuelto a aparecer.
Willus bajó la pistola y la guardó en su funda.
—… Es otra persona que usa ese nombre. Su modus operandi es diferente. El anterior «Quinto, Pierrot» no utilizaba un cuchillo para asestar el golpe mortal. Era un maestro en lanzar cuchillos, pero los usaba exclusivamente como diversión.
—Cuchillo… eh. A juzgar por el tamaño de las heridas de las víctimas, tiene que ser un arma bastante peligrosa en sí misma. Quizás deberíamos ir a registrar la habitación del burdel donde Isabel murió. Quizás encontremos el arma homicida.
—No estoy tan seguro de eso… Tenemos una mala noticia más, o más bien, buenas noticias»ñ.
Willus arrojó una hoja de papel sobre el escritorio.
—¿Y eso es?
—Una carta de la sede. Echa un vistazo.
Ayn tomó el papel y comenzó a leer lo que estaba escrito en él.
—… ¿Es una orden para suspender nuestra investigación y regresar a la base…?
—El jefe Homer ha puesto cuidadosamente su firma.
No era tan extraño recibir órdenes de regresar a la sede después de no haber podido avanzar mucho durante cuatro meses.
Pero eso era solo si hubieran sido policías normales. Los investigadores de Justea eran de categoría superior y, a veces, perseguían el mismo caso durante años, según las circunstancias. Parecía un poco antinatural para ellos recibir órdenes como esta a pesar del hecho de que no habían oído hablar de ningún otro caso importante que requiriera atención inmediata que hubiera ocurrido recientemente.
—¿Cómo son estas buenas noticias?
—Una orden de suspensión tan pronto debe de ser presión de alguna parte.
—Te refieres a la Fundación Freezis, o más bien, a Bruno Marlon.
El vicecomandante de la Fundación Freezis, Bruno Marlon, también se interpuso en una investigación durante la «Epidemia de Toragay». Había presionado a la Policía Mundial como ahora y había encarcelado a Hanne y Heidemarie por cargos falsos.
Era obvio que estaba involucrado en “Père Noël”.
Pero no tenían ninguna prueba clara. Además, tenían que ser discretos en la investigación sobre él. Si no tenían cuidado, era muy posible que pudieran terminar enfrentándose a toda la Fundación Freezis.
Ayn dejó la carta y Willus señaló la firma del jefe Homer escrita en ella.
—¿Crees que esto es lo que quiere el jefe?
—… Ese hombre tiene una autoridad débil. Pero también cree en la justicia más que nadie. Recuerdo lo furioso que se puso con Bruno durante lo que pasó en Toragay.
—Sí, sí, eso es cierto. Veo esto como una forma de ánimo por parte del jefe. «Tu enemigo finalmente ha hecho su movimiento, ¡ahora el juego está en marcha!» … Ese tipo de cosas.
—Espero que estés en lo correcto.
—Tengo otra carta que vino para probarlo. Es de nuestro colega en Justea, Qyoichi. Ha estado investigando a Bruno todo este tiempo… Este es el resultado.
Willus sacó una nueva carta.
Ayn lo tomó y hojeó su contenido.
—Esto es…
—Bastante interesante, ¿no? Con todo, Bruno se va a Lucifenia la semana que viene. Y ahora hay una suspensión repentina de la investigación. ¿Ves algo en eso?
—Está tratando de deshacerse de cualquiera que pueda interponerse en el camino antes de tiempo… Eso debe ser.
—Si «Quinto, Pierrot» es el asesino de Père Noël, entonces debe estar enredado en todo esto. Si jugamos bien nuestras cartas, podríamos arrestar tanto a Pierrot como a Bruno de una sola vez. O mejor aún, al que está detrás de todo…
—- «Primera, Santa Claus».
—De todos modos, continuemos nuestra investigación un poco más. Mejor para nosotros si encontramos alguna prueba. … Vamos, vamos a ver el burdel donde trabajaba Isabel.
—¿Qué hacemos con la suspensión de la investigación?
Willus dejó caer su botella de vino sobre el escritorio.
—Naturalmente, lo ignoramos.

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