En la cuarta planta no se veían más habitaciones que las celdas. Toda la planta parecía estar llena de celdas.
Al desandar el camino por el que habían sido conducidos, llegaron a las escaleras que conducían hacia abajo. Lloyd y su compañero se apoyaron en la pared y continuaron descendiendo, dirigiéndose cada vez más abajo. Sin duda, la salida era por allí.
Estaban en el cuarto piso. Como habían bajado un tramo de escaleras, se encontraban en el tercer piso.
Sólo dos más. Si bajaban dos tramos más, verían la salida.
Repitiéndose esto a sí mismo, Lloyd caminó, soportando el dolor en sus piernas. Y entonces, sucedió.
Algo cayó de repente desde arriba.
No sólo uno, sino varios objetos.
Con su considerable peso, el impacto hizo que los escombros se esparcieran alrededor.
—¿Pero qué…?
El montón obstruyó el campo de visión de Lloyd y el otro joven, dejándolos en un estado de ceguera temporal.
Cuando el polvo se asentó, el entorno había cambiado drásticamente.
—¿Qué demonios…?
Había múltiples masas cilíndricas de hierro frente a ellos. Tenían pinchos y parecían ataúdes. Habían caído desde arriba.
A diferencia de los ataúdes normales, estos objetos cilíndricos tenían una protuberancia en la parte superior, donde se podían ver un rostro de mujer. Lloyd tocó con la mano el ataúd más cercano. Tenía una textura de hierro fría y áspera, y parecía estar cerrado con algún mecanismo.
—No, espera. ¿Qué está pasando?
Lloyd se dio cuenta de algo.
¿De dónde cayeron? De arriba. Pero…
¿Podría ser eso posible?
Lloyd miró al techo. Cuando lo atraparon en el segundo piso, había un espacio abierto arriba. Pero el tercer piso tenía un techo completo. No había ningún espacio vacío arriba.
¿Quizás se cayó algo que colgaba del techo? No, el techo de este piso no era tan alto. Si hubiera habido algo así, se habrían dado cuenta antes.
—¿De dónde demonios ha salido esto?
—Oh… se acabó. —Detrás de Lloyd, el joven que venía con él temblaba, habiendo perdido la compostura —. Nos han encontrado, nos han encontrado. Estamos acabados, nos matarán y nos pondrán a “dormir en la cama”…
—Ey, ¡¿qué está pasando?! ¿Qué demonios son estos ataúdes?
En ese momento, uno de los ataúdes giró su cara hacia Lloyd y el joven. Más precisamente, el ataúd rotó para mirar hacia ellos.
—¡¿Se movió?!
Inmediatamente después, innumerables ataúdes a su alrededor flotaron simultáneamente.
Y entonces, el grupo de ataúdes atacó a Lloyd.
—¡¿Whoa?!
Lloyd se apresuró a esquivar las masas de hierro que venían volando hacia él.
Sin embargo, el joven no pudo hacer lo mismo. Fue golpeado directamente por uno de los ataúdes y salió volando.
—¡!
El joven chocó contra la pared y cayó al suelo. Mientras yacía de espaldas, los ataúdes seguían bombardeándole.
Los ataúdes parecían flotar ligeramente, como pájaros.
Y uno de ellos pasó silenciosamente a su lado.
—¡Maldita sea! ¿Qué demonios está pasando?
Lloyd apuntó su arma a los ataúdes y disparó.
Pero el enemigo estaba hecho de hierro. Con un ruido metálico, las balas fueron desviadas.
—¿Debería usar esto?
Lloyd rebuscó en su bolsillo. Allí encontró el «arma letal» que le había dado antes el joven.
—… No, no funcionará. Solo conseguiré joder más la situación.
El espacio era demasiado reducido para usarlo. Lloyd cambió de idea y se centró en esquivar los ataúdes que cargaban hacia él.
Cuando miró al joven, la tapa del ataúd que tenía delante suya se encontraba abierta.
Aunque eran como ataúdes, no tenía ningún cadáver dentro. Sin embargo, no estaba completamente vacío.
Todo el interior del ataúd estaba lleno de innumerables clavos sobresalíentes.
—Ah, ah…
Con expresión aterrorizada, el joven se quedó mirando el ataúd abierto mientras su cuerpo flotaba en el aire.
—P-Para…
Su cuerpo estaba siendo succionado al interior del ataúd lleno de clavos.
Y cuando ya estuvo dentro, la tapa del ataúd se cerró lentamente.
No se oyeron gritos. Sin embargo, después de un rato, la sangre goteó de los huecos del ataúd.
Lloyd pudo verlo. Cuando aquel joven llamó a las tres hermanas «monstruos»… No se trataba de una broma.
Ahora se enfrentaba a algo más allá de la comprensión humana.
Los ataúdes continuaron su implacable asalto a Lloyd. Si las cosas seguían así, acabaría corriendo la misma suerte que el joven.
—¡Bajar! Tengo que bajar como sea.
Lloyd trepó por la barandilla que tenía delante y saltó al espacio abierto que conducía al segundo piso.
No había tiempo para dudar.
Desde allí, Lloyd saltó al piso inferior.
Pensó que se había preparado para un aterrizaje seguro, pero aún así cayó desde demasiado alto. Lloyd se retorció de dolor al caer al suelo.
Sin embargo, los ataúdes seguían cayendo desde la abertura sin piedad. Si se quedaba tirado en el suelo, sería aplastado.
Afortunadamente, parecía que sólo un ataúd le perseguía.
La segunda planta era un gran piso abierto. Lloyd observó su entorno y sacó el «arma secreta» de su bolsillo. La «herramienta mortal» que había traído el joven, que decía haber trabajado en una mina de carbón: Dinamita que podía volar por los aires incluso las rocas más resistentes de la mina.
Encendió la mecha y evaluó la distancia que le separaba del ataúd que caía. No podía estar demasiado lejos, pero si estaba demasiado cerca, quedaría atrapado en la explosión.
—¡Ahora!
Apuntando al centro del ataúd, Lloyd lanzó la dinamita con todas sus fuerzas. Sin embargo, la caída del ataúd fue más rápida de lo que esperaba. La explosión se produjo más cerca de Lloyd de lo que había previsto.
La torre resonó con la explosión, y el humo oscureció su visión.
Lloyd, atrapado en la explosión, fue arrojado sin medios para defenderse. Esta vez, ni siquiera pudo aterrizar correctamente y se estampó de cabeza contra el suelo.
—Ugh…
En un nebuloso estado de conciencia, Lloyd trató de ver qué había pasado con el ataúd, entrecerrando los ojos.
La explosión debería haber alcanzado al ataúd en el momento perfecto, pero cuando el humo se disipó, Lloyd jadeó.
El ataúd se alzaba cerca del centro de la explosión, imperturbable.
—No funcionó…
Si no huía, estaría acabado. Pensando eso, Lloyd soportó el dolor en todo su cuerpo y luchó por levantarse. En el momento en que se puso de pie, no pudo soportar la oleada de náuseas de su estómago y vomitó.
La mayor parte de lo que expulsó era sangre. Lloyd se tambaleó y volvió a caer al suelo.
Sus heridas eran más graves de lo que había pensado. Parecía que ya no podría levantarse.
—Maldita sea… No moriré en un lugar como éste.
Arrastrándose de nuevo hacia la escalera que conducía al primer piso, Lloyd intentó acercarse, arrastrándose en la oscuridad.
Los ojos de Lloyd, que podían ver con claridad incluso en la oscuridad, habían perdido el enfoque.
Ya ni siquiera sabía si iba en la dirección correcta.
Delante de él, sonó un fuerte ruido. Un ruido sordo, el sonido de algo cayendo. Ya no era necesario confirmar con la vista qué era aquel sonido, pero Lloyd levantó la cabeza y miró hacia arriba.
Como era de esperar, allí estaba el ataúd.
Su tapa comenzó a abrirse lentamente.
No tuvo más remedio que prepararse. Al igual que el joven que le precedía, se convertiría en un sacrificio.
—No… ¡No quiero morir!
Sin embargo, en contra de su voluntad, su cuerpo ya no respondía.
Y justo ante los ojos de Lloyd, la tapa del objeto cilíndrico se abrió completamente.
—¿E-eh?
Dentro del ataúd, había algo diferente. Era Maiden, con su armadura.
Lentamente comenzó a moverse y salió de dentro de aquel ataúd, mirando a Lloyd con un rostro inexpresivo.
Sin hacer nada, se quedó mirando.
En ese momento, una voz vino de detrás de Lloyd.
—Maiden, esta vez has ido demasiado lejos.
Lloyd hizo acopio de fuerzas y consiguió girar la cabeza hacia la dirección de la voz.
Allí estaba Gibbet, la mujer que se fue el catalizador de la infiltración de Lloyd. Junto a ella estaba la chica de pelo plateado, Rack. Las dos caminaron hacia Lloyd y Maiden.
—Debido a tu naturaleza, no se puede evitar, pero… no debes olvidar nuestro verdadero propósito —dijo Gibbet.
Ante las palabras de Gibbet, Maiden bajó ligeramente la cabeza.
—… Me disculpo, Lady Gibbet.
—Este invitado acaba de llegar hoy aquí. Deberíamos “agasajarle” con más respeto —continuó Gibbet.
Con un chasquido de sus dedos, numerosos dispositivos de tortura descendieron desde arriba.
—Si simplemente lo matamos de inmediato, no sería una tortura, sino una mera “ejecución”, y eso no nos sirve. Una tortura trata de cómo podemos proporcionar “sufrimiento” al contrario y obtener placer de ello.
«Están locas…», maldijo Lloyd en su mente.
Sin embargo, las palabras que salieron por su boca eran completamente diferentes de lo que realmente sentía.
—Por favor, te lo ruego, perdóname. Yo… Dejaré de robar, y no le hablaré a nadie de ti. Así que, por favor, ¡no me mates…!
Gibbet se acercó a Lloyd.
—Ya te he dicho que no te mataremos. No pronto, al menos. Te divertirás mucho con nosotras —dijo Gibbet. Se puso en cuclillas frente a Lloyd y le agarró la barbilla—. Desde que nos conocimos he pensado que tienes un rostro precioso. Me pregunto qué clase de gritos darás cuando te lo mutile.
—Para… ¡Por favor, no lo hagas…!
—Oh, así que sí eres un narcisista. Bueno, dan igual tus súplicas. No te servirán.
Sin que Lloyd lo supiera, Rack había aparecido detrás de Gibbet. Ésta sonrió y sacó un gran clavo.
—Hacer cosas que desagradan a tu oponente, esa es la esencia de la tortura.
Mientras Gibbet decía eso, soltó la barbilla de Lloyd y se levantó.
En su lugar, Rack agarró la parte posterior de la cabeza de Lloyd y levantó el clavo de 13 centímetros.
—¡Para!
El grito de Lloyd resonó en toda la torre.
Maldita sea.
¿Dónde me equivoqué?
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